El “manquepierda”, el “currobetis”, Burgos, Jaén…

En estos días pasados no he podido escribir en mi blog. No sé si porque era consciente de que podría decir cualquier barbaridad, o porque sencillamente me gusta pensar lo que digo, aunque muchas veces diga lo que pienso.

El Betis siempre será el Betis. Tal y como no podemos cambiar la personalidad de un ser humano de la noche a la mañana, tampoco podemos esperar que la “forma de ser” de nuestro glorioso vuelque de manera repentina.

No, porque no tendría sentido. Los béticos, cierto es, que siempre hemos anhelado tiempos mejores. Que nos pasamos mucho tiempo hablando del logro del 77, que seguimos recordando esa final en el Bernabeu y ese postrero gol del luso Figo que tantas lágrimas hizo verter, que todavía vemos dibujada la silueta de Dani tumbando al Chelsea o la del gol del trianero en el Calderón. Siempre hemos vivido recordando logros lejanos y luchando por volver a repetirlos.

Yo, hoy me acuerdo de cómo mi gente me hablaba del ascenso de Burgos del 94 (me cogió pequeño), de cómo Gastón Casas hacía los dos tantos que llevaban al Betis de nuevo a la categoría de oro…

Por todos esos logros, me resisto a pensar que la jornada que viene no puede sonar la campana. Porque es más fácil que el Betis suba cuando las cosas están complicadas, porque es como el antiguo río del que toma su nombre, se maneja a contracorriente.

El sábado a las seis de la tarde, Sevilla entera será un hervidero. No habrá otro color que no sea el verde y el blanco, y por muy primado que venga el ascendido Levante, no podrá hacer frente a un ambiente espectacular. Cuando los futbolistas del Levante sálgan de Heliópolis, el infierno será un destino de lujo para las vacaciones, comparado con lo que han de vivir. Será una jornada de transistor. Cinco sentidos en Sevilla, y otros cinco en Irún, donde el Hércules debe de ganar para no quedarse cuarto por segundo año consecutivo. En Irún, la historia es otra. El Real Unión se juega la vida, al igual que los alicantinos, pero el Stadium Gal es muy complicado, y a eso hay que sumarle que el Hércules no suele sacar buenos resultados a domicilio.

Sentir, luchar, ganar… podemos.

Y si la suerte da la espalda al centenario conjunto verdiblanco y el Betis debe purgar un año más en el descalabroso mundo de la liga que ahora llaman Adelante, hay que dejar claro que seguimos siendo la mejor afición del mundo.

El manquepierda, el currobetis, los años de tercera, los descensos con 42 puntos… todo esto terminará. El sol volverá a brillar en La Palmera, y a todos nosotros, nos cogerá donde siempre… cerquita de nuestro Betis.

Eloy Díaz

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