Santa Cruz, un lugar para perderse

Vivir seis años en Sevilla para descubrir sus encantos no se debe sino a la sabiduría que nos da el tiempo para poder apreciar los lugares

La Giralda desde el Patio de los Naranjos

Dicen los libros de historia que la estrechez de la judería tenía un sentido claramente práctico: trataba de eclipsar el sofocante calor veraniego de Sevilla con esas callejuelas de paredes encontradas y edificios altos donde el aire era fresco y permitía dejar atrás el sol abrasador de la Sevilla nuestra.

Con el paso de los años, muchos años, el sentido práctico sigue cumpliendo su función, pero además, nos permite perdernos, aislarnos dentro de una ciudad que, como todas las grandes urbes, se encuentra llena de ruidos, atascos, humos y muchedumbre.

Pasear una noche por la judería, escuchar el silencio de Sevilla, perderse por las diminutas vías de Santa Cruz es una gozada para los sentidos. Un viaje que tiene su fin en el Patio de los Naranjos y que termina por extasiarnos cuando alzamos la vista para ver la Giralda rompiendo esa visión de lo diminuto, de lo estrecho hacia lo megalómeno, lo ciclópeo de la Catedral.

Si tienen la oportunidad de pasear una noche por el barrio de Santa Cruz, atravesar la judería y terminar en la Catedral comprobarán que todo lo que os digo es espectacular, maravilloso.

El barrio de Santa Cruz, un lugar para perderse.

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