Mi amigo lo dijo. Y lleva razón

“Ya verás, el año que viene, volvemos a jugar contra el Jaén”. Son frases que se pueden escuchar en los alrededores del Benito Villamarín durante estos días. El fracaso sobrevuela Heliópolis y planea raseando el maltrecho verde de la ‘meladiense’ pradera verdiblanca.

El desanimo de la grada, a todas luces justificado, lejos de apagarse por un fogonazo de fútbol, se engrandece con el paso de los minutos. “Pero éstos no ayudan ni cuando no están jugando”, decía un amigo recientemente. Y lleva razón. Se refería, claro está, al ‘mitting’ que mantuvieron los capitanes del plantel con el sector ultra del Betis. “¿Quiénes son esos señores para detener un entrenamiento?”, volvía a comentarme. Y lleva razón. No sólo son unos aficionados más, sino que representan a un sector del campo con el que, la mayoría de la grada heliopolitana, no se siente identificada. Y no porque se considere que son mejores o peores, simplemente porque tienen una forma de actuar que no casa con el resto del público verdiblanco.

“Y ellos con lo ‘inteligentes’ que son van detienen el entreno y se paran a hablar…”, decía mi amigo haciendo referencia a los jugadores y su reunión improvisada con un claro tono de ironía. Y lleva razón. Un equipo profesional no puede argumentar eso con un simple: “Si no hablábamos con ellos no nos dejarían entrenar”… ¿Y esos quiénes son? ¿Los ‘niños malos’ que te quitaban el balón si no les dejas jugar? ¿Son la voz de la afición? ¿De qué afición? ¿La del Betis? No, amigo, no. Al menos no la de un servidor y su amigo.

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